
Pasamos algo de tiempo visitando 3,000 plantas de impresión. Queríamos ver dónde se dañan realmente las lámparas UV y por qué. Lo que descubrimos fue bastante consistente: la mayoría de las instalaciones tienen problemas con lámparas que se agotan demasiado pronto o que simplemente no pueden mantener su rendimiento cuando aumenta la velocidad de producción. Después de ver cómo funcionaban esas instalaciones en la práctica, dejamos de diseñar de forma aislada. Empezamos a concentrarnos en el verdadero desafío: equilibrar la intensidad de la luz con el calor generado.
Ajustar la potencia adecuada Lo importante en el proceso de curado UV es lograr que los fotones lleguen exactamente donde deben estar. Nos aseguramos de que nuestras lámparas de repuesto sean compatibles con los balastros existentes. ¿Por qué? Porque si se excede la tensión nominal de la lámpara, en realidad se daña sus electrodos. Nos enfocamos en mantener el arco eléctrico estable. Cuando el arco es estable, el curado es uniforme en toda la superficie a tratar. Así, no hay necesidad de preocuparse por esas “rayas en zigzag” o áreas donde la tinta no se ha curado correctamente.
La construcción Utilizamos cuarzo fundido de alta pureza. Es resistente y puede soportar mejor los ciclos de encendido/apagado rápidos que los materiales más baratos. Además, diseñamos estas lámparas para que sean reemplazos directos. Sus dimensiones son exactas; no es necesario modificar los reflectores ni la altura del transportador. Simplemente se sustituyen y se vuelve a trabajar. Sin pérdida de tiempo.
Las compensaciones Pero hay un problema: las lámparas de mayor intensidad curan la tinta más rápido, pero también generan más calor. Si se utiliza una lámpara de mayor potencia para aumentar la velocidad de producción, el sistema de refrigeración debe ser capaz de manejar ese calor adicional. Si no hay suficiente flujo de aire, los materiales se deformarán o el papel se quemará. Es necesario encontrar un equilibrio. Construimos estas lámparas para soportar las condiciones difíciles de una planta de producción real. Están diseñadas para resistir el calor y las vibraciones. Sin sorpresas, simplemente hay que conectarlas y seguir trabajando.